“La reglas cambian, cambian y cambian.
¿Cómo coño vamos a poder hacer nuestro trabajo
cuando todo lo que decimos se convierte en mentiras una y otra vez?”
Arne Dahl. “Misterioso”.
Al grito de “primero el poder que ser cristiano”, el gobernador Juan Manuel Oliva Ramírez corrió de la Secretaría de Gobierno, de manera fulminante, a su viejo camarada Gerardo Mosqueda.
Y todo porque éste se creyó el chisme de que podría ser gobernador, “¿por qué yo no?”. Lo feo para él es que una vez fuera del gobierno lo siga creyendo.
Se trata de una alucinación que produce el poder, el presentimiento de omnipotencia. Lo complicado para Mosqueda es que, a cambio, ahora le quedó un mal postraumático. Él es psicólogo, no político, y tal vez pueda lidiar con eso. Lo que le va a sobrar será tiempo.
Todo se jugó el domingo pasado. El “olivismo”, que es el “modus operandi” del gobierno estatal hecho partido, y, abusando del lenguaje, el “estilo” del gobernador de hacer política, convocó a una “cargada” a favor del candidato del “dedazo”, Miguel Márquez.
Fue la prueba de poder propio que faltaba: Dos mil cuadros panistas congregados, incluyendo presidentes municipales, diputados federales y locales, secretarios del Gabinete, funcionarios federales y locales…Todos en plena campaña, mientras el IEEG sigue durmiendo el sueño de los justos.
A Mosqueda le queda algún poder dentro del gobierno, en el cual conserva algunos acólitos, como “sumo sacerdote” de “El Yunque” que es. Sus mermadas huestes, sin embargo, difícilmente lo seguirían en su aventura electoral. Podrán seguir compartiendo con él la doctrina, pero… “la chamba es primero”.
Para presionarlos, cosas son de la vida, tendría que conducirse como un “fauno rastrero”. Incluso así, es remoto que consiga algo. Su condición actual es auténticamente representativa de la transformación que el poder ha operado en “El Yunque”: No es más una cofradía sino una facción política. Pero él no lo entendió.
Como las víboras, una vez en el poder, el “yunquismo” dejó atrás la piel de la ideología que le sirvió para escalar hacia él. Esa piel fundamentalista, hoy estorbosa y de nula utilidad política, es con la que se queda Mosqueda.
El ex secretario se convirtió en una amenaza para la conservación del poder de los panistas. Sus causas del radicalismo conservador, sobre todo luego de las traumáticas elecciones presidenciales de 2006, sólo con el poder completo podían sostenerse como política de gobierno. Pero no más ante la siguiente prueba de las urnas.
Pragmático, el “olivismo”, a tiempo se movió hacia el centro. Por eso la liberación de las mujeres presas por abortar, y por eso también la ley de acceso de las mujeres a una vida libre de violencia, asuntos a los que Mosqueda se oponía.
El asunto está claro: En campaña, el fundamentalismo de derecha sólo quitaría votos, y el panismo va a necesitar muchos para alejar el pánico de una posible derrota en la contienda por la gubernatura. (José Ángel Córdova, con una simple encuesta, les hizo “¡buh! y casi querían lincharlo).
Una vez tomada la decisión de tirar lastre, Mosqueda, los panistas, que siempre habían negado la existencia de “El Yunque”, empezaron a hablar de él, aliviados y hasta irónicos.
Miguel Márquez: “Menos Yunque y más PAN”. Leticia Villegas, reforzándolo: “Nada con exceso, todo con medida”. Claro, ellos se quedaron con “El Yunque bueno”, y le dejaron a Mosqueda “El Yunque Malo”.
La Mar y sus Pescaditos
Montado en su “bufa”
Cada vez más aislado, incluso arrinconado, el presidente de Guanajuato, Nicéforo Guerrero, por el deslinde y descalificación, uno tras otro, de personalidades e instituciones, de su propósito de urbanizar las inmediaciones de “La Bufa”, profundiza su ensimismamiento. Esa abstracción de la realidad es la que los lleva, a él y a sus corifeos, por ejemplo, a descalificar al Icomos y a reaccionar sólo con una “guerra sucia” frente a un proceso plebiscitario inútil, pues lo tienen perdido irremediablemente. En ese afán de sólo seguir dándose placer a sí mismo, en su siguiente artículo periodístico bien podría postular: “Ladran Sancho…”, que al cabo es tiempo de Cervantino.
¿Qué haríamos sin él?
Vicente Fox está de regreso. Como en sus tiempos de campaña electoral, le volvió la chispa, y ha vuelto a ser el “clown” de la política, a veces nacional, pero siempre doméstica. Luego hacer negocio y haber homenajeado a un músico declaradamente “gay”, Elton John, quien agradeció la oportunidad de “tocar por primera vez en una granja” (el Centro Fox), se fue a insuflar ánimos al panismo en León: “Me gana la inquietud, la preocupación, no hay otro partido democrático en este país y por tanto, no podemos dejar ir ni la gubernatura, ni la presidencia, ni las presidencias municipales, so pena de regresar al tiempo pasado que tanto lamentamos mexicanas y mexicanos”. Aparte lo dudoso de su afirmación, pues la democracia panista la pone en duda hasta su amiga Cecilia Romero, aspirante a presidir al PAN nacional, se le olvida que él es parte de ese “tiempo pasado”. Y, ni modo, también del presente, que no es mejor.
Carta de Navegación,
Domingo 24 de octubre de 2010

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