domingo 7 de noviembre de 2010

El criminal engaño

“Creo que (Fox) cometió muchas equivocaciones…
Quizás la más importante fue no actuar a tiempo…
Si México hubiera comenzado a luchar contra
este problema ( el ‘narco’) hace 10 años, estaríamos hablando ahora
de un asunto completamente diferente…estamos viviendo en
un país que nunca puso un freno a la corrupción”.

Felipe Calderón. Entrevista con la BBC de Londres


En una semana se multiplicaron las masacres de jóvenes, en Tijuana, Ciudad Juárez, Tepic y Ciudad de México, con más de medio centenar de asesinados. El fenómeno alcanza grados de genocidio.
El crimen, en sus diversas modalidades, y ya sea civil o institucional, pues es un componente sistémico, está usando y desechando a los jóvenes, su mayor “fuerza de trabajo”.
Así, el “bono demográfico”, al tener la mayor cantidad de jóvenes en esta época, más que nunca y que después, que nos pondría en gran ventaja, respecto a otros países, para crecer, se ha convertido en catástrofe.
Una inmensa desgracia que nos hace perder a generaciones completas. Y no sólo ello, pues incluso se vuelven contra la sociedad que les ha negado toda esperanza.
La edad promedio de los más de 30 mil ajusticiados en las batallas criminales durante el calderonismo es de 28 años. Mil 200 de los caídos en la guerra contra el crimen son niños y adolescentes.
El presidente Calderón, impotente ya, pues ninguna de sus medidas, pasadas, en curso o futuras, ha servido ni servirá para detener la arrasadora ola de criminalidad, hace, sin embargo, un importante favor a la comprensión de nuestras desdichas e impotencias.
No importa, incluso, si lo ha hecho inadvertidamente.
Es su señalamiento, y quién mejor que él, que tiene toda la información, de la decisiva irresponsabilidad de los gobernantes, a grados criminales. Específicamente la de Vicente Fox.
Aunque haya un tanto de revancha, legítima, en cualquier caso, por las sistemáticas agresiones que recibe del ex presidente Fox, en lo dicho por el presidente Calderón está la más valiosa de las contribuciones que podía haber hecho. En particular por tratarse de un panista como él.
El mejor síntoma de que Calderón dio en el centro del conflicto es el silencio culpable del habitualmente insolente y lenguaraz Vicente Fox. Pero también el no menos culpable mutismo de los panistas. Y el de toda la clase política, sea priista o perredista. ¿Por qué?

La puerta falsa

Eso fue la alternancia en la Presidencia de la República. Un “cambio” para fingir. Una sustitución del PRI por el PAN que no pasó de ser un acto de cosmética política de los dueños del país, que usan a los partidos como instrumento de sus intereses.
Calderón lo reconoce en su crítica a Fox. Porque no hizo nada contra el crimen, porque se equivocó siempre y porque, comodino e incapaz, nunca luchó contra la corrupción y acabó siendo parte de ella.
Es decir, las acusaciones son las mismas que se hicieron para justificar el desplazamiento de los priistas. Esas, y peores, imputaciones son ciertas, tanto en el caso del PRI como en el de Fox.
Nada bueno dejó la alternancia. Y ahora vemos que fue todo lo contrario, pues la descomposición general crecía bajo ese disfraz. Así también, la corrupción y la impunidad.
Fue un engaño grande y criminal. Su medio fue la “democracia electoral”. Siguió su proceso la trágica historia de México. El resultado no podía ser mejor.
Hoy lo sufre Calderón, quien adelanta que tampoco podrá alterar positivamente nada. Porque el sistema no da para más, aunque lo sigan remendando. Tampoco él tiene, ni el poder, ni el temple ni la imaginación para impulsar el cambio que se requiere.
Ante la más fuerte de las declaraciones que ha hecho Calderón en su gobierno, los panistas callan, sin importar que dinamite lo que era su mejor oferta: Ser mejores que los priistas. Éstos y los perredistas callan también. Como son iguales a los panistas, ahora les toca apostar por…la alternancia.

La sociedad criminalizada

Miguel Carbonell, notable criminólogo de la UNAM, vino a Guanajuato a referir la más lúgubre de las estadísticas, y la más significativa: Se cometen de 16 a 18 millones de delitos por año, casi todos sin castigo.
Se trata de una cifra que seguirá creciendo si no se hacen cosas diferentes a las que se han intentado hasta ahora, infructuosamente. Para eso, se necesita una reforma social, que incluya una reforma política. Y no al revés.
Debe resolverse el problema de la desigualdad, para lo cual es necesario un gran pacto, pero no sólo entre partidos. Deben comprometerse los dueños de la riqueza a contener su voracidad. Con una estructura que les favorece, ellos son los culpables últimos de la opción criminal y el atraso.
Por eso no debiera tener la importancia que se le da, con una frivolidad también criminal, el espectáculo sucesorio. Ante el tamaño de las cosas ¿qué importa si gana Enrique Peña Nieto, Marcelo Ebrard, Andrés Manuel López Obrador u otro panista?
En su reiterada visión caudillista, como Fox, sin involucrar a la sociedad en la administración del futuro, ninguno podrá hacer más que Calderón. Y, en una de esas, tal vez menos.

Carta de Navegación,
Domingo 31 de octubre de 2010

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