domingo 7 de noviembre de 2010

Corruptos ¿todos?

"No nos queda sino la desnudez o la mentira”
Octavio Paz. “El laberinto de la soledad”


En la historia que nos ha traído hasta aquí, tiempo de masacres, de inseguridad y de crisis, no ha de obviarse una constante de la cultura mexicana: La corrupción, y su correlato, la impunidad.
No sólo eso. Está la deificación social del “éxito”, no importa el precio.
La sucesión imparable de noticias malas genera desesperanza. Y más corrupción. Eventualmente, también gritos de alarma y llamados al vacío para que la pesadilla criminal termine. Como las invocaciones al abstracto, “la sociedad debe hacer algo”, sólo para que todo tome mayor fuerza.
Pero hay una trampa. Cuando se dice “todos somos responsables” lo que se hace es ocultar, y al final de cuentas encubrir y perdonar, a los que sí lo son.
En un desesperado ejercicio de franqueza, la Arquidiócesis de México pone cargos, aunque no pone nombres: “En la conciencia de los gobernantes de todos los niveles está el desastre que estamos viviendo; en la conciencia de empresarios deshonestos que se han prestado para lavar dinero está también el origen de tanta sangre derramada; en la conciencia de muchos ciudadanos que han buscado el dinero fácil está la causa de este problema generalizado”.
Lo nuevo es que la propia Iglesia Católica se incluye: “Podemos comenzar por políticos de gran altura -sin duda alguna desde gobernadores de distintos estados hasta corporaciones policiacas enteras-, pasando por militares y policías. Podemos mencionar ambientes empresariales, periodistas y medios de comunicación y, desafortunadamente, algunos ambientes religiosos”.
Pero todo se queda en la estridencia. Y el alma del arzobispo Norberto Rivera podrá tener reposo luego de ella, pero la sociedad no. A pesar de ello, a ésta le carga la responsabilidad de resolver unos conflictos que generan sus líderes políticos, económicos y espirituales: “Basta ya a las complicidades, la impunidad y la sociedad indiferente y complaciente”. ¿De cuál sociedad habla?

El país de la mentira

La violencia, que cada vez escala a mayores grados de crueldad, es el efecto y no la causa de un país corrupto y cínico. La corrupción está en el origen, y ahora la multiplica infinitamente.
Según “Transparencia Internacional” México se ha hecho más corrupto, al descender en dos años del lugar 89° al 98°, entre 178 países, con una calificación de 3.3, donde 10 refiere al más honesto.
Lo sintomático es que regresó a niveles de corrupción de hace diez años. Y que, aquí tampoco, sirvió de nada que el PRI perdiera la Presidencia y la ganara el PAN.
Las mediciones se hacen sobre la percepción respecto a contratos públicos, comercio exterior, acceso a servicios públicos, facilidad para la inversión, calidad regulatoria y extorsiones.
Si en el mundo institucional empieza el crimen ¿cómo nos puede sorprender que también ocurra en el mundo social?
El gobierno de Felipe Calderón dijo que “respetaba” esos resultados, y que las correcciones las debe hacer “la sociedad en su conjunto”. Es decir, la política del avestruz.
Parte decisiva de la tragedia es esta: Eludir las responsabilidades, lo cual es otra de las muchas formas de la corrupción.

La putrefacta clase dirigente

Gobernantes, empresarios, curas, policías, militares, periodistas, medios… configuran la fauna corrupta que denuncia la Iglesia Católica. Aunque hay muchos más.
Porque no hay corrupción sólo en acciones relacionadas directamente con el crimen. La hay cuando alguien accede a un puesto a sabiendas de no estar calificado para él, como Vicente Fox. Cuando se lucra indebidamente con los bienes públicos, con la ley, o a pesar de ella, como Televisa, TvAzteca, Telmex…
Son esas élites, hasta al nivel municipal, las que tienen el poder para hacer de la corrupción una cultura. Son el “ejemplo social”. Sus “valores” son los que reproduce una sociedad excluida y victimizada por sus desenfrenos. Por eso el cinismo generalizado: ‘La honestidad no paga’.
Esos son los referentes sociales del “éxito”, que legitima toda trampa. Es por ello que ahora están al lado de los criminales más exitosos: En términos de admiración social, Carlos Slim figura al lado de Joaquín, “El Chapo”, Guzmán. Así los hace visibles la revista “Forbes”.
Al quebrar el sistema de dominación del PRI, en 1981, por una corrupción que luego lo llevaría a perder el poder en 2 mil, su candidato presidencial, Miguel de la Madrid, propuso la “renovación moral de la sociedad”. Y fracasó tanto, que acabó siendo parte de la corrupción.
Con el PAN la “transparencia”, la “rendición de cuentas”, etc., han pasado a formar parte de la corrupción. Ahora, en función de ella, sólo sirven para fingir. Es decir, la aumentan.
La sociedad a la que se alude es inexistente, en la medida en que está desorganizada y no tiene poder. Por eso, también es corrupto decir que ella es la que debe combatir esta podredumbre.
Si alguna posibilidad hay de ir contra la corrupción sólo existirá cuando gobernantes, empresarios, curas, militares, policías…sean sometidos a proceso por sus delitos. Pues hasta ahora no se castiga a nadie. Pero ¿quién le pondrá el cascabel al gato? Calderón no.

Carta de Navegación,
Domingo 7 de noviembre de 2010

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